Mis últimos cinco gramos.

Llevo con la idea de esta entrada en mi cabeza desde antes de hacer la selectividad y a tan solo dos días de saber la nota me siento en la silla, con el portátil delante para teclear sin perder la esperanza de que pueda salir un texto agradable, sin enrollarme demasiado y casi sin dejarme nada en el tintero.

¿Selectividad a mis 35 años? ¿Por qué no? Nunca es tarde si la dicha es buena. Y no es que me entraran las ganas de hacer esta prueba de un día para otro, no. Llevaba entre manos con este objetivo desde hacía ya unos años. Pero a veces surgen imprevistos, desviaciones, llamarlo como queráis, que requieren prioridad.  Y es en este curso 2018/2019 que me he preparado para superar la prueba y poder sacar la puntuación que piden para entrar en la universidad deseada y empezar a cursar el grado que quiero, mejor dicho doble grado, de Nutrición Humana y Fisioterapia.

Han sido unos meses en los que he experimentado muchos estados de ánimo, tranquilidad, pasotismo, incertidumbre, preocupación, felicidad, ansiedad, cansancio, derrotismo... Podría seguir, pero lo importante es que he seguido hacia adelante, contra viento y marea, luchando contra esos pensamientos que nos invaden la cabeza muchísimo antes de saber que va a pasar y que es inútil darles vueltas porque no sirve de NADA!

Gracias a que la gente que me rodea me ha apoyado incondicionalmente, y eso es lo mejor que te puede pasar. Gracias, gracias, gracias! 💕





Quizá pueda parecer difícil prepararse, volver a estudiar, volver a pasar horas sentada delante de los apuntes, deberes, leer, escuchar, entender, asimilar lo aprendido y digerirlo bien. Sin embargo, cuando las ganas por querer superarte, querer mejorar, demostrarte a ti mismo que con gana, constancia y sacrificio puedes conseguir lo que te propongas.

No lo voy a negar, me costó unos meses hacerme a la idea de que tenía que dedicarle horas, que el tiempo pasa rápido, muy rápido y que no podia dormirme en los laureles. Busqué como aumentar mi concentración. ¡Anda mira, una mosca! Gracias a una seguidora de mi cuenta de Instagram, que me recomendaron la toma de unos polvos de una planta que hace aumentar los niveles de concentración.
Y oye, el día de los dos últimos examenes tomé mis cinco últimos gramos de esta fórmula que me ha ayudado muchísimo. En un par de meses retomaré la ingesta. Le doy un diez. Por si queréis saber el nombre e investigar os dejo el nombre, Ashwagandha. La podéis encontrar en herbolarios. Yo la tomé en polvo. También hay comprimidos. Tengo entendido que en cápsulas hay más concentración.

A mitad del curso bajé el número de entrenos a la semana, hasta que dejé de ir al gimnasio. Ahora estoy cogiendo el ritmo y el tono y forma de mi cuerpo que se quedó ahí, en la mesa, delante del ordenador, delante del armario de los frutos secos y de las aceitunas, delante de la nevera. Mi peso sigue igual, los únicos valores que han intercambiado números han sido los de la masa muscular y la masa grasa, jajaja! No me preocupa, porque este tiempo de inactividad ha sido para invertirlo en esta meta.

Orgullosa me hallo por haber sabido apartarme de las redes sociales. De vez en cuando abría la puerta del patio de Instagram, pero rápido la cerraba para no entretenerme con lo mismo de siempre. Parece que no, pero nos quita mucho tiempo y concentración.

En la vida, todo es aprendizaje y está claro que podemos beneficiarnos siempre. Pocas horas quedan para saber si puedo sacarle jugo a toda esta senda de conocimiento que me ha brindado la oportunidad de poder examinarme y así poder seguir aprendiendo, de una forma u otra, en esta universidad llamada vida.


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